EL DISCURSO NEOLIBERAL O EL CAMINO DEL CAMBIO

la pandemis neoliberal

Rómulo Salazar Ochoa.

En este proceso electoral la derecha sólo puede ofrecer su discurso neoliberal, aquel cuyos resultados ya constatamos en el “feriado bancario” (1999-2000), que comenzó con el “salvataje” a las entidades financieras, preparado desde dos años antes en la Constitución del 1998 y por el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Salvataje” consistente en créditos otorgados por el Banco Central a las entidades financieras quebradas. Fueron 8.500 millones de dólares, cuyas garantías generalmente fueron un fiasco. La Contraloría no ha declarado que se haya restituido tales valores al Estado, tampoco lo ha hecho la Superintendencia de Bancos respecto a que muchos ciudadanos, víctimas en diversas formas de atracos en sus depósitos, hayan sido resarcidos en los perjuicios que sufrieron, o respecto de aquellos que por miles aparecieron como deudores de créditos que nunca recibieron y que jamás habían solicitado en tales entidades. Dos millones de víctimas de ese “feriado neoliberal” abandonaran el país para “ir a buscarse la vida” en EEUU y Europa con las consecuencias sociológicas, culturales y políticas que ello tuvo y aún tiene en sus descendientes y en el país en general.

Desde los años 80 la derecha ha propuesto “traer inversión extranjera” para “resolver” los problemas económicos del país. La misma derecha oligárquica exporta las ganancias de sus negocios a los “paraísos fiscales”, no las reinvierten, y así también saquean el país. Pero se quejan de los riesgos de la “desdolarización” de la economía. La derecha habla de reducir, incluso abolir el sistema tributario porque, supuestamente, la tributación es un “castigo” a los que “invierten, trabajan y producen”; quiere ser exonerada del pago de impuestos, que sólo los paguen las mayorías sociales como castigo a la pobreza. Los oligarcas “olvidan” que los impuestos a los ricos no son invento de los pobres, sino recomendación de los “padres de la economía capitalista” desde hace doscientos años, considerándolos necesarios para gobernar el Estado, construir la infraestructura que requieren los negocios.
La derecha pretende exclusivamente suyos los recursos naturales del país, petróleo, minería, bosques, agua y territorio. El discurso neoliberal habla de “reducir el gasto fiscal”, abolir los impuestos y suprimir los servicios públicos, es decir, que la salud, la educación, la seguridad, la vivienda, las comunicaciones le sean dejados como su negocio exclusivo, servicios a los que, entonces, las mayorías sociales accederían a ellos sólo cuando puedan pagarlos, es decir, nunca. La oligarquía presume que “sus negocios son la economía nacional”, que carece de significación el esfuerzo de la pequeña y mediana producción tanto en el campo como en la ciudad. Cree que ella y el FMI son todo, economía, Estado y sociedad.

No. Nosotros, el pueblo ecuatoriano, debemos ir hacia una economía nacional auténtica, soberana, de autosostenimiento, que surja y crezca partiendo de la producción generada en la pequeña y mediana producción, aquella cuya protección recomienda la Constitución en sus Arts. 281 y 282 entre otros, preceptos jurídicos fundamentales que proponen como tarea del Estado “evitar la dependencia de la importación de alimentos”. Así, pues, por ejemplo, entre otros productos, Loja debe volver a producir ampliamente trigo y cebada entre otros y también hacerlo con sus derivados. Claro que para esta óptica política de la producción debemos organizar al productor en el campo, individual o colectivamente, en especial a los campesinos pobres y medios, incluso a quienes son “unidades familiares de la producción”, a los artesanos y manufactureros, un régimen de financiamiento diverso al que, con criterio exclusivamente utilitarista, incluso anatosista, indiferente, se ejerce desde las entidades financieras, en interés exclusivo de ellas, y no de la colectividad ni del país, que requieren el crédito financiero al 3 o 4 por ciento anual conforme nos lo ofrecieron en los días de la “dolarización”. Una pequeña y mediana producción


que en el campo asuma la tarea de proveer, en especial para nuestros niños y jóvenes, una alimentación sana en lugar de la “comida chatarra y basura” que hoy encontramos en todo lado, que enferma a nuestra gente, convirtiéndola tempranamente en “mercado” de medicamentos, que nos llevan de una a otra dolencia en hospitales o fuera de ellos, en interés sólo de las farmacéuticas transnacionales del imperio.

Basta de neoliberalismo. Opongámonos a la privatización de nuestro patrimonio productivo. Defendamos nuestras refinerías, nuestra infraestructura de producción, incluidas empresas públicas como la Corporación Nacional de Telecomunicaciones, nacionalicemos las empresas Claro y Movistar, opongámonos a la cesión absurda del paquete accionario de 1 millón de dólares que el Estado tiene en Laboratorios LIFE, retengamos TAME para el Estado, defendamos el Banco del Pacífico como lo que es, entidad financiera estatal que vale más de USA$6.500 millones, y que sólo se transfiera al IESS en pago de las deudas que el Estado tiene con tal entidad. Hay que recuperar los USA$4.500 millones la ilegal condonación y remisión. A renegociar la deuda con dignidad, primero el país, luego la deuda. Recuperemos desde la ONU los 30 mil millones de dólares que las oligarquías han llevado del aparato productivo del país hacia los “paraísos fiscales” y propiciemos también con ese dinero empleo y producción nacional. Rescatemos el Código del Trabajo para los trabajadores y el país. Hay que renegociar la deuda extranjera conforme a los intereses del país. Recuperemos las Galápagos y clausuremos las oficinas del FMI en Ecuador.

A corregir los errores del pasado. A defender la Constitución y someter la corrupción. Asumamos nuestra solidaridad con los países y pueblos del mundo que también luchan por un presente y futuro de libertad y progreso. Banderas de lucha como éstas son las que el pueblo debe portar en el presente proceso electoral.

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