DÍA DEL HIMNO NACIONAL DEL ECUADOR, letra de Juan León Mera y música de Antonio Neumane. | Ecuador en línea

DÍA DEL HIMNO NACIONAL DEL ECUADOR, letra de Juan León Mera y música de Antonio Neumane.

himno nacional

Por Jorge Núñez Sánchez

La búsqueda de un himno nacional para el naciente Estado del Ecuador comenzó tempranamente, apenas se inició nuestra separación de la Gran Colombia. Fue entonces cuando el presidente, general Juan José Flores, encargó a su vicepresidente, el poeta José Joaquín Olmedo, que escribiese la letra de una canción nacional. El encargo fue cumplido cabalmente por Olmedo, que en 1832 presentó a los poderes públicos su obra Canción Nacional, formada por un coro y cuatro estrofas. Aunque se trata de un texto digno y respetable, no fue considerado adecuado por los legisladores de la época, que esperaban, quizá, un canto de mayor grandeza y galanura.

Desechado el proyecto de Olmedo, se sabe que el mismo general Flores escribió un texto con tal fin, en 1938, que se publicó en folleto y tampoco fue aprobado, recibiendo, más bien, piadoso olvido. Y hubo otros encargos y proyectos sucesivamente desechados.

Casi tres décadas más tarde, en noviembre de 1865, el presidente del Senado, doctor Nicolás Espinosa, retomó el interés por el asunto y encargó la tarea al poeta ambateño Juan León Mera Martínez, que al momento era secretario de ese organismo. Mera cumplió prontamente con el encargo recibido y presentó al congreso la letra del actual Himno Nacional del Ecuador, que gustó mucho a los legisladores y fue aprobada sin más. Mientras la letra de Mera era publicada íntegramente en el periódico quiteño El Sud Americano, el 16 de enero de 1866, con ánimo de palpar la sensibilidad del público, el Congreso encargaba oficialmente al maestro francés Antonio Neumane, Director del Conservatorio Nacional, que compusiese la música para dicho himno, lo que fue cumplido.

La letra del Himno Nacional escrita por Mera recibió entusiasta apoyo de muchos ecuatorianos, que en aquel momento se hallaban indignados por los ataques neocolonialistas de España contra Perú y Chile, agresiones que habían hecho revivir en toda América Latina el espíritu patriótico de las décadas anteriores. Sin embargo, al poco tiempo hubo sectores hispanistas del Ecuador que criticaron el “tono antiespañol” del himno y sus vigorosas afirmaciones nacionalistas, presionando para que su autor cambiase el texto e inclusive utilizando con tal fin al hijo del poeta, llamado Juan León Mera Iturralde.

Apoyando esas críticas estaba un insolente Ministro de España en Ecuador, Manuel Llorente Vásquez, quien, por otra parte, consiguió del turbio y represivo gobierno de Caamaño que se mutilara la escultura del frontis del Teatro Nacional Sucre, hecha por el artista N. González Jiménez, donde el libertador de Quito aparecía protegiendo a la América con su brazo y aplastando con su bota la cabeza del león español, figura esta última que luego terminó pareciendo una simple roca.

En su crítica a la letra del himno de Mera, hecha en 1887, Llorente afirmó que ella parecía escrita por un enemigo de España, pues inspiraba sentimientos negativos hacia su país. Mera le respondió con una valiente exposición, publicada como folleto, donde afirmó que la letra de su himno expresaba poco más o menos lo mismo que otros himnos americanos. Agregó: “De los que conozco, ninguno tiene alabanza para España, sino todo lo contrario; y los hay escritos por Dn. Andrés Bello, y tan justamente apreciados por los españoles, por sus diversos y grandes méritos”. Concluyó diciendo que no haría el cambio a la letra, “porque no es letra de cambio”.

Esos afanes de reformar al Himno Nacional persistirían en el futuro. Otro diplomático de espíritu hispanista, el escritor guayaquileño Víctor Manuel Rendón, por entonces Ministro Plenipotenciario del Ecuador en Francia, propuso hacia 1920 que se llamase a un concurso de poetas nacionales para redactar otro himno, que se ajustase a las nuevas realidades. Argumentaba para ello que la letra de Mera reavivaba rencores contra España. “Es inadmisible -afirmaba- la perenne manifestación pública de odio y saña después de una centuria, cuando reinan el cariño y el aprecio entre España y sus hijas emancipadas, que olvidaron rencores para guardar sólo en el corazón la gratitud por los innegables beneficios recibidos”. Esta propuesta recibió el respaldo del escritor Remigio Crespo Toral y el músico Luis Pauta Rodríguez, respaldados por el Centro de Estudios Históricos y Geográficos de Cuenca, fundado por el sacerdote y político conservador Julio Matovelle. Pero la propuesta fue rechazada por el poder legislativo.

Pese a ello, Rendón siguió en su empeño y presentó al Congreso Nacional, en 1923, un proyecto de reforma de la canción nacional, consiguiendo que el poder legislativo encargase a la Academia Ecuatoriana de la Lengua que

“en asocio del señor Juan León Mera Iturralde, hijo del ilustre autor de nuestra Canción Nacional, hiciera, en su parte literaria, las enmiendas que juzgare oportunas para desterrar los conceptos hirientes a la Nación preclara que nos infundió la virtualidad de su alma caballerezca, sus respetables tradiciones y su armoniosa y fecunda lengua, cuidando, al mismo tiempo, de que se conserven, en su mayor parte, las patrióticas frases del autor que constituyen, por su tradición y recuerdo, la historia de la República.”

La Academia aceptó entusiasmada tal encargo y propuso finalmente las siguientes reformas: 1ª. Supresión de la primera estrofa del Himno, para que ocupe su lugar la segunda. 2ª. Cambio de una preposición y un epíteto, en la tercera estrofa, para que el verso octavo: “De impotencia y despecho rugir”, sea sustituido por éste: “Alejándose altivo rugir”. 3ª. Cambio del primer verso de la estrofa cuarta: “Cedió al fin la fiereza española”, por el siguiente: “Cedió al fin su bravura indomable”. 4ª. Que el verso octavo de la estrofa quinta: “Que hizo al fiero español sucumbir”, tome esta nueva forma: “Que nos lleva a vencer o morir”.

Por suerte, esta reforma, que debía ser aprobada en última instancia por el Congreso Nacional de 1924, no fue tratada en esta legislatura y el himno de Mera siguió vigente con su texto original. Hubo más: el proyecto de Rendón y de la Academia de la Lengua mereció más rechazos que respaldos entre la opinión pública, donde la canción nacional había calado en el espíritu de varias generaciones. Expresivo de ese espíritu nacionalista fue un artículo firmado por los intelectuales Angel T. Barrera y Secundino Sáenz de Tejada, que se publicó en el diario porteño "El Telégrafo", en 1922, en donde se refutaban vigorosamente los planes de reformar la letra y música del Himno Nacional, pues estimaban que constituía “un sacrilegio modificar los símbolos patrios”.

No quedaron satisfechos con todo ello los hispanistas del Ecuador y buscaron alcanzar una mutilación total de los versos anticoloniales, mediante el “cotejo de varias versiones” que supuestamente circulaban en el país. Fue así que el doctor José Miguel García Moreno, Ministro de Educación del gobierno de Carlos Julio Arosemena Tola, comisionó en 1947 al intelectual jesuita Aurelio Espinosa Pólit y al hijo homónimo del poeta, Juan León Mera Iturralde, para que estudiaran y cotejaran las versiones existentes, lo que equivalía a recomendar una mutilación disimulada del texto original. Mas este intento de mutilación resultó frustrado: el 29 de septiembre de 1948, iniciado ya el gobierno de Galo Plaza, el Congreso Nacional, alertado sobre esos nuevos planes antipatrióticos respecto del Himno Nacional, lo declaró intangible, tanto en su letra como en su música.

Pese a ello, la dictadura militar impuesta entre 1976 y 1979, dispuso un cambio en el texto del himno que debía ser interpretado públicamente, supuestamente en beneficio de la brevedad y solemnidad de su interpretación. Por esto medio, se suprimió el canto de la primera estrofa del himno, sin duda la más firme y vibrante de esta canción nacional:

Indignados tus hijos del yugo
que te impuso la ibérica audacia,
de la injusta y horrenda desgracia
que pesaba fatal sobre ti,
santa voz a los cielos alzaron,
voz de noble y sin par juramento,
de vengarte del monstruo sangriento,
de romper ese yugo servil.

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